El jugador toma un respiro, busca la concentración. La prueba arrancará en unos instantes y lo que hay en juego es, en cierto sentido, el mismísimo honor de su cerebro.
Las manos agarran la consola. Los ojos se clavan en la pantalla. Tres, dos, uno... empieza el desafío: aparece la palabra rojo, la primera de una serie de trampas que la máquina pone a los reflejos del jugador. Las letras son claras, R-O-J-O, pero... están escritas en azul. Y ése es el color que el jugador rápidamente tiene que pronunciar al micrófono de la consola para demostrar la agilidad de su cerebro.
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Las manos agarran la consola. Los ojos se clavan en la pantalla. Tres, dos, uno... empieza el desafío: aparece la palabra rojo, la primera de una serie de trampas que la máquina pone a los reflejos del jugador. Las letras son claras, R-O-J-O, pero... están escritas en azul. Y ése es el color que el jugador rápidamente tiene que pronunciar al micrófono de la consola para demostrar la agilidad de su cerebro.
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